JOSÉ SALAZAR MEJÍA*

LA ARQUIDIÓCESIS DE HUARAZ

El departamento de Áncash es por tradición muy religioso. La dama de Guitarrero, fallecida hace 12,800 años fue enterrada en medio de un círculo de ceniza, ceremonia que denotaría la creencia en el más allá ya en esos tiempos aurorales; Chavín fue el primer estado teocrático de América en donde se adoraba al dios civilizador, el primer dios andino, Guari (mal llamado lanzón de Chavín). Recuay fue una cultura de piedra, representaba en granito a sus curacas y jefes militares para divinizarlos y de este modo se convertían en guardianes de campos y sementeras.

Con la llegada de los españoles, el culto a las huacas pasó al de los santos, pero siempre se mantuvo firme la fe en Dios en nuestra zona. Prueba de ello es la gran consideración que han tenido la Virgen y los santos patrones: el Señor de la Soledad en Huaraz, las vírgenes de Huata, de las Mercedes en Carhuaz, la Mama Huarina, Mama Ashu de Chacas, San Pedro en Corongo, San Juan y San Francisco en Pomabamba, Santo Domingo en Yungay, el Señor de Burgos en Recuay, Santa Rosa en Chiquián etc, etc.

Las órdenes religiosas que se asentaron en el departamento tuvieron arduo trabajo en la evangelización. Los franciscanos en Huaraz y Pomabamba, los dominicos en Yungay, los agustinos en Conchucos y los mercedarios en las Vertientes. Otras órdenes ya extinguidas también tuvieron presencia en la zona, como los betlemitas que administraban el hospital de Belén en Huaraz.

La jerarquía eclesiástica, estableció en 1899 la Diócesis de Huaraz abarcando todo el ámbito del departamento de Áncash, con su primer obispo Monseñor Francisco de Sales Soto. Y gran parte del siglo XX se mantuvo esta situación, hasta que en 1958 se crea la Prelatura de Huari, disgregándose de la diócesis de Huaraz y en 1962 también se separa la Prelatura de Chimbote.

Más adelante se crea la Diócesis de Chimbote en 1983 y en el 2008 se crea la Diócesis de Huari. En la actualidad son tres diócesis que tiene el departamento de Áncash, todas ellas, sufragáneas de la Arquidiócesis de Trujillo. Ser sufragáneas significa que jerárquicamente están supeditadas a una de mayor jerarquía: en este caso, las tres diócesis ancashinas están bajo la jurisdicción del arzobispado de Trujillo.

La creación de una arquidiócesis, tiene algunos detalles, se necesitan mínimo tres diócesis para constituirla y una de ellas tiene que tener más de cien años de antigüedad. Esa es la generalidad de la norma. Y en Áncash cumplimos con estos requisitos.

Es por ello que ya en febrero de 2015, un grupo de autoridades del departamento encabezadas por el director Regional de Cultura de entonces, enviaron una solicitud al Papa Francisco, solicitando la “erección de la Arquidiócesis de Huaraz” en base a las tres diócesis mencionadas. La solicitud abundaba en criterios: la fe católica se profundizaba creándose más parroquias en las tres diócesis, ya se contaba con tres beatos mártires, existían innumerables congregaciones religiosa y una orden de clausura, la labor de Matto Groso del padre Hugo de Censi había avivado la fe en muchos lugares de Áncash, etc. El Nuncio Apostólico, Mons. Bruno Paccigato canalizó la iniciativa al Vaticano.

A raíz de la llegada del Papa Francisco al Perú, en enero de 2018, se le alcanzó un petitorio reiterativo, señalando que pronto Huaraz tendría su catedral para ser sede de la arquidiócesis y que los santos mártires de Pariacoto se volverían patronos de ella. En esa ocasión, el actual Nuncio, Mons. Nicola Girasoli se comprometió a hacer el seguimiento de ambos documentos.

A un año, de la entrega de este documento, es bueno reflexionar sobre este tema.

¿Qué beneficios otorga tener una arquidiócesis? Para empezar, tendríamos un arzobispo en la zona. Y eso sería de gran beneficio pues, en la actualidad, los tres obispos no tienen la fuerza ni la contundencia para hacerse escuchar. Es por ello que han sido muy pálidos los reclamos eclesiásticos ante la gran corrupción que aquejó y aqueja a nuestro departamento. Una voz fuerte en la Iglesia es la que necesitamos. Ahí tenemos el caso de Huancayo, donde su arzobispo abanderó la lucha contra la contaminación ambiental en La Oroya.

Siendo arquidiócesis, se exigiría la culminación de la Catedral de Huaraz que es una verdadera herida abierta y elevaríamos nuestro rango en el concierto de la iglesia nacional. Se tendría que establecer un seminario mayor en su ámbito para ya no estar enviando a nuestros seminaristas a estudiar a Trujillo. Bajo un mando unificado, la colaboración de las actuales diócesis sería mayor, ya en la movilidad de sacerdotes, como en el beneficio de los fieles.

Aunque finalmente y hablando en oro, con todo nuestro bagaje como ancashinos, que satisfactorio sería vivir con el orgullo de contar con una arquidiócesis en nuestro suelo.

* José Antonio Salazar Mejía es doctor en Educación. Se desempeñó como profesor universitario en Huaraz y Lima, así como en distintos colegios. Hoy es director de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Áncash, desde donde promueve la revalorización de nuestras riquezas y tradiciones.

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