Yungay en mayo, mes de evocaciones, nostalgia y cavilación

Por Winston Guillén Giraldo.

Yungay, hermosa ciudad peruana siempre vivirá en el recuerdo de todos los que la conocimos. En un aniversario más de la catástrofe que la sepultara, el 31 de mayo de 1970, nos vuelve a la memoria su perfil arquitectónico y sus pobladores que siempre se distinguieron por su hospitalidad, generosidad y espíritu de lucha en favor de la justicia y el progreso. De la pileta central de la Plaza de Armas, Yungay se dividía en dos barrios: Huambo y Mitma, palabras de origen quechua (Huampu Huaranka y Mitmak Huaranka) que se han castellanizado. En este lenguaje indígena, “Huampu” quiere decir oriundo o nato y “Mitmak” –según Luis E. Valcárcel- viene a ser grupos sociales extraidos de un lugar para ser llevados a otros con carácter de colonizar; en cuanto a “Huaranka” quiere decir mil.

Yungay fue el corazón del hermoso Callejón de Huaylas, de exuberante vegetación encerrada por las cordilleras Blanca y Negra, cuna de inmensas moles nevadas y vestida de abundante pasto natural. Cuando nos encontrábamos en la mencionada pileta hacia el norte estaba el barrio de Huambo y hacia el sur el barrio de Mitma. Entre estos dos sectores siempre existía una tradicional, amistosa y fraternal competencia en cuanto al trabajo colectivo, eventos deportivos y la celebración de festividades del pueblo.

En Huambo se encontraba el histórico Colegio Nacional “Santa Inés”, el Colegio de Mujeres “Cori Ocllo”, la Escuela Primaria de Varones N° 370, el Salón Indio, el Teatro Obrero, la Plazuela de la Merced, el Stadium Fernández, el Consejo Municipal y otras entidades de interés público. Mitma prácticamente era el centro comercial de Yungay. Allí estaba la calle “Dos de Mayo” rodeada de establecimientos comerciales, la iglesia de origen colonial, el típico mercado, que los domingos se llenaba de campesinos que bajaban de las estancias a comerciar sus productos ofreciendo un aspecto pintoresco.

El cementerio de Yungay, en forma de caracol, se caracterizaba por ser uno de los de más excepcional belleza en el mundo. Estaba conformado por cuatro hermosas plataformas circulares. La amplia Plaza de Armas era muy acogedora y bella. De allí podía apreciarse el esplendor del coloso nevado Huascarán. A la fecha sólo queda una solitaria palmera como símbolo de honor sobre lo que fue la zona central de Yungay. Palmera que parece que quisiera hablarnos sobre la verdadera magnitus de la tragedia y la poca cosa que somos frente a la fuerza avasalladora de la naturaleza. Nuestros corazones se estrujan al recordar los ocho jardines cubiertos de hermosas plantas con flores rojas y blancas que, con toda devoción y esmero cuidaba amorosamente el profesor Francisco Alegre. Yungay tenía el privilegio de contar con un clima primaveral durante los 12 meses del año, a pesar de su altura de 2,585 msnm.

Foto: Diario El Comercio

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