Princesita de Yungay: «Era muy palomilla en el escenario, pero ya no puedo serlo»

Por César Pinedo Bravo

Han pasado más de 27 años desde que Prensa Ancashina publicara en su portada a la Princesita de Yungay. Tanto tiempo de trabajo y de alegrías ha transcurrido, tantos gobiernos y movidas sociales hemos visto pasar, y tantos rostros nuevos del folclor ancashino se han cruzado por nuestras páginas, por los escenarios de cada fin de semana en los vericuetos de la Lima provinciana. Algunos siguen cantando hasta hoy, otros ya pasaron al retiro, o acaso a la eternidad. Y entre todos allí va doña Angélica Harada, expresión viviente de lo mejor de nuestro cantar, quien, risueña como siempre, conversó con esta revista.

PA. Princesita, 56 años cantándole con éxito al Perú, ¿hay algo que le falte lograr?
PY. A veces vivo de mi fantasía, pero quiero tener un museo y allí colgar mis polleras, dentro de uno o dos años. Para eso debo tener la base, un terreno, en un sitio adecuado donde alumnos, niños, jóvenes, y adultos, conozcan mi casa, mi vestuario.

PA. Habla de colgar sus polleras. ¿La Princesita de Yungay ya se imagina el día en que se retirará de los escenarios?
PY. Hay que pensar ya. Y no sé cómo será ese día, haré mi despedida, lloraré, cantaré, muchas lágrimas, muchos recuerdos.

PA. ¿Sería en una fecha o toda una temporada?
PY. No sé, de repente durante un año.

Reflexiones, discriminación y otras peripecias de Angélica Harada de Yungay

PA. ¿Qué diferencias ve en la industria de la música andina de décadas pasadas con la actual?
PY. La de hoy es como el fuego de la candela, sube y pum, se apaga, en cambio nosotros nos mantenemos porque somos corazón.

P.A. Antes eran más exigentes con los artistas ¿verdad?
P.Y. 
Antes era más ordenado, incluso el entonces Instituto Nacional de Cultura nos calificaba con 12 jurados. Lo que a mí no me gustaba era que tenía que llevar seudónimo, por eso ves muchas “princesas” “condesas”, y yo veía eso como una huachafería.

PA. ¿Cómo quería que fuese su nombre artístico?
PY. Angélica Harada de Yungay. Pero los jurados me exigieron un seudónimo, y debía presentar cuatro opciones, más 16 canciones posibles para cantar. Nos analizaban la actitud en el escenario, la vestimenta, las mímicas. Fue el doctor Saavedra quien me puso “Princesita de Yungay”, aunque primero propuso “Princesa Huando”, pero yo dije “ay no, Huandoy es de Caraz y yo quiero ser de Yungay”. Y aceptaron mi pedido porque le caí en gracia al jurado, porque nunca habían visto a una japonesita con trenzas, con polleras y sin zapatos -en el camerino me dijeron que me iban a descalificar porque “en tu tierra no usan zapatos con tacos”- así que opté por salir descalza.

PA. Y durante su trayectoria ¿sintió discriminación alguna vez?
PY. Por supuesto, y mucho. Unas “pituquitas” de Yungay (risas) me criticaron, decían por mí: “ella qué vale, ella es campesina”, así llaman a los de los anexos de Yungay, y yo soy de Shacsha. También en Lima nos decían “llamas”, “quesos”, en las presentaciones, o en Radio Nacional, donde íbamos con nuestras polleras, y nos decían eso en nuestra cara pelada. Y nosotras nos quedábamos calladas. Ahora si me dicen eso las agarro ¿no? (risas).

PA. ¿Esas expresiones le afectaron alguna vez?
PY. Claro, de todas maneras, pero daban más valor para seguir adelante.

PA. ¿Qué huayno le gusta cantar más?
PY. Bueno… “Todo se puede olvidar menos el primer amor” (risas), “el amor y las naranjas”, esos huaynos me traen muchos recuerdos. También hay algunos que ya no canto como “Amor de Guardia Civil” o “La vizcachita”. Yo era muy palomilla en el escenario, hacía cantar y reír al público con esos temas. Ahora ya no puedo hacer esas cosas porque me vería ridícula, a mi edad, ya no estamos para esos movimientos.

PA. Doña Angélica ¿cómo le gustaría ser recordada?
PY. Como soy, que no aumenten nada… que compren mi libro si quieren más detalles (risas)… Si alguna vez fui mala que lo digan, aunque no creo haberlo sido. Que digan la verdad.

No se olvide de comprar su revista Prensa Ancashina. Esta entrevista fue publicada en la edición 162.

 

Comments

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.