RODOLFO CARRIÓN “FELPUDINI” LLEVA A HUARAZ EN SU CORAZÓN

Por César Pinedo Bravo y José Pariasca.

Felpudini nos abrió la puerta de su hogar, lucía sosegado, lejos de la amenaza de su jefecito y de la belleza distractora de Chelita. Y con él muchas imágenes cómicas de la televisión nos vinieron a la mente, desde Robin, el dudoso compañero de Batman, hasta el jurado del programa musical, el de las palabras insondables. Y todos son, claro está, Rodolfo Carrión.

Rodolfo nos contó detalles de su vida poco conocidos. Entre fotos y trabajos de artesanía, nos llevó hacia su equipo de música en cuyo estante se lucía una variada, generosa colección de discos. Allí nos confesó su amor por la música clásica y por, desde luego, nuestro huaynito, y la chuscada, y las baladas setenteras, y también su devoción por los libros -es profesor de Literatura- por la cerámica y por su tierra: Áncash.

¿Qué es lo que más recuerda de su niñez y su adolescencia en Huaraz?
-Antes, debo aclarar que yo nací en Anta, en Carhuaz, pero de allí no recuerdo nada, así que soy antino por accidente geográfico y huaracino por vivencias y sentimientos. Bueno, me encanta Huaraz, desde la primaria en el colegio La Libertad y la secundaria en el (colegio) Mariscal Luzuriaga, ahí están mis amigos, donde hacíamos literatura, poesía, teatro, ahí se formó el grupo teatral Farol 20, los partidos de fútbol, las actuaciones, mis profesores…

¿Recuerda a sus profesores?

-A todos, a Solís, excelente docente de Biología, a Martínez de Historia, el de Inglés, Salas, a Juvenal Mendoza, a Víctor Valenzuela, a Robles de Matemáticas, a Víctor Estrada de Pintura.

¿En casa cómo era el día a día con sus padres, sus hermanos?

-En general nunca tuve problemas, mi papá era zapatero, de la zapatería Chimpum Callao, que confeccionaba chimpunes y botas grandes, y mi mamá era ama de casa. Éramos siete hermanos de los cuales quedamos vivos tres, yo era el cuarto. Recuerdo que yo era jodido y me castigaban, pero los castigos no fueron físicos sino con restricciones. También ayudaba mucho a mi papá en la zapatería, pero no por querer ayudar sino para tirarme el sencillo e invitar al cine a los muchachos. (risas).

El grupo Farol y la vena artística

«Felpudini» con nuestro reportero y articulista José Pariasca, y nuestro director Lucio Pinedo

Estudiaba en 3º de secundaria y le gustaba la poesía. Cuando la gente que llegaba de Lima se juntaba en el local de don Macshi el flacucho Rodolfo recitaba a Amado Nervo, a Vallejo, a Neruda. Fue así que se incorporó al grupo Farol 20. Además su papá tocaba música junto al maestro Maximiliano Rosario Shuán, con quien grabó inolvidables discos, mientras que su hermana Ana era soprano en la Escuela Normal Mercedes Indacochea, alumna del profesor Yehude Collas. Frente a este panorama estaba la mesa servida para que Rodolfo fuese artista.

“Salí calato a la calle durante el terremoto del 70”

Don Rodolfo es sobreviviente del terremoto de 1970. Él no recuerda si tuvo miedo, solo recuerda que sintió que todo a su alrededor se caía. “Yo estaba duchándome y de pronto el estupor…  salí desnudo a la calle, estuve 3 ó 4 horas calato (en la calle) y ni me daba cuenta porque la tierra con el agua se había pegado a mi cuerpo… y habían muchos gritos y lamentos. Todos estaban en shock y teníamos que sacar los cadáveres que estaban sepultados. Recuerdo que saqué al papa de mi amigo Marco Rodríguez. Perdí familiares, amigos y vecinos”.

Pero el terremoto fue, irónicamente, la puerta para su futuro triunfo como artista. Al quedar dañada la infraestructura de la Escuela Normal de Tingua, Rodolfo culminó sus estudios en la Escuela Normal de Varones de Lima, de donde egresó con el título de Maestro. Es en la capital donde fue convocado por el grupo de teatro Histrión, el que dio vida años después a uno de los programas más exitosos de la televisión peruana: Risas y Salsa.

Desde entonces el recordado Felpudini viaja una vez al año a Huaraz, aunque ya no tenga familia ni propiedades pero sí las mismas ganas de bailar su pasacalle, de transmitir a través de talleres sus conocimientos de teatro a las nuevas generaciones de jóvenes ancashinos, y claro, las mismas ganas de hacer reír.

-Don Rodolfo, ¿los conjuntos musicales como el Atusparia y la Lira Andina, formaron su identidad musical?

-Indudablemente, y sigo escuchando mis huaynitos, y los bailo, porque cuando a uno desde chico le meten una música, sobre todo en el amanecer, eso se va a quedar grabado para siempre. Y aquí una crítica, a mí también me gusta la música foránea, en inglés, el rock es espectacular, pero las radios no deberían meterla tan temprano porque eso aliena a la gente, que ya no escucha su música. Deberían (las radios) dar más espacios a nuestra música peruana. En Huaraz por ejemplo tú te despertabas y ya estabas escuchando al Atusparia, a los cantantes en quechua…

Mudando de tema, después del terremoto hubo una ruptura social, ¿qué mensaje daría para revalorar nuestra identidad cultural?

-No te olvides que la identidad no la crean las personas sino las instituciones. Por ejemplo, hay que continuar lo que se hace en Huaraz, rescatando y fortaleciendo sus actividades. Hay que incentivar institucionalidad, trabajar con universidades para la difusión de la danza, de nuestro folclor, hay mucho material y debemos incentivar a los jóvenes a cultivarlo.

Don Rodolfo ¿vale la pena ser artista en el Perú?
-Es una carrera muy difícil y arriesgada, no tenemos seguridad social, no tenemos una ley que nos proteja, nunca hemos sido tratados como ciudadanos, y los políticos se hacen los coju…s. (risas). Los dueños de los canales piden a los políticos ‘no me pongas una ley del artista porque me matas’. Alan García con bombos y platillos anunció la ley, nos llevó al teatro y con almuerzo en palacio, pero pura finta porque nunca reglamentaron la ley y tras 90 días feneció la misma. Pero bueno, uno debe seguir por la gente.

Finalmente, ¿le falta algún sueño por cumplir?

-Falta que me muera (risas). No soy de predecir el futuro, vivo el ahora, y trabajaré hasta donde den mis fuerzas.

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